Yo no sé qué me pasa, es una mirada en clave de humor del mundo adolescente. Ambientada en Madrid en un instituto de enseñanza de educación media, aborda los conflictos de todo orden por los que suelen navegar, y muchas veces naufragar, los jóvenes. También es un homenaje a la picaresca española, pues el autor dividió su obra en cuatro capítulos, y cada uno tiene 20.202 palabras… la misma cantidad de vocablos contenidos en El Lazarillo de Tormes.
Dejando de lado la densidad política de Coro de Ángeles o el misticismo andino de Miguel, Ángel Celestino, Cedeño demuestra su versatilidad como narrador con una obra ágil, fresca y técnicamente sorprendente.
Lejos de dramatizar en exceso la edad del pavo, el autor prefiere abordar las inseguridades, las rebeldías y las pequeñas tragedias cotidianas con una mirada cómplice y cargada de clave de humor. Los personajes transitan por esa delgada línea en la que los adolescentes buscan desesperadamente pertenecer, flotando en un océano de dudas donde muchas veces, inevitablemente, terminan por naufragar.
Cedeño decidió estructurar el libro dividiendo la historia en cuatro capítulos. El dato brillante para los amantes de la teoría literaria es que cada capítulo consta exactamente de 20,202 palabras, igualando con precisión matemática el número exacto de vocablos que componen la inmortal obra del pícaro del siglo XVI. Este paralelismo no es solo un capricho numérico; sirve para trazar un puente temporal que nos recuerda que los dilemas de supervivencia emocional, astucia y confusión de los jóvenes de hoy no distan tanto de las andanzas de los clásicos.